Quizá me enamoró un reflejo
de lo que pudo haber sido,
pero vivir en el engaño
fue mejor que este espejo.
Ya vendrán tiempos peores,
tan solo espera el ocaso.
La sombra de lo que fuimos,
la lluvia de los tejados.
No quieras soñar
aquello que puedas alcanzar
con el hielo de tus manos.
Los sueños nunca regresan
a este mundo, donde los muertos
dicen estar vivos,
a esta calle
dónde mueren cada noche,
los versos que te ofrezco.
Ábreme la puerta
si trato de huir por tu ventana.
No me hables del mañana.
No revivas el pasado.
Confieso que he pagado
las deudas del futuro,
otra vez sin un duro
más de lo mismo…
solo ante el abismo,
bajo este cielo oscuro.
Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Rodríguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Rodríguez. Mostrar todas las entradas
miércoles, 20 de enero de 2010
jueves, 24 de septiembre de 2009
La neobohemia
Se irán para no volver, cruzando el túnel del sueño. Dejando un haz de luz un ligero destello. Se irán para no volver, como pájaros sin dueño. Desangrando el cielo con su caótico vuelo.
Si yo pudiera retenerlos, desnudarlos, hacerlos míos, mi verso iluminaría las pupilas de distinguidos poetas líricos, que reunidos en tertulias literarias, lamerían mi falo erguido. Mas como no persigo ese propósito, y si el conseguir ser leído, por todos los dioses digo: ‘Tomad hermanos el reflejo, de lo que pudo haber sido, y sin embargo, por circunstancias del destino, no quiso ser’.
Arrastrados por la vida, creyéndose a vuelta de todo, manchando el lustre de la bohemia, dicen ser autores de la nueva poesía.
Verso que una vez masticado y posteriormente vomitado, diezma su valor hasta alcanzar el del corazón de un hipócrita, arrancado y ensartado en un hierro oxidado y candente.
‘Por el amor de cristo, que blasfemias piensa este miserable’-Pensarán algunos seres, y seguramente con menos elegancia que la descrita-. Pero lo escrito es tan cierto, como que la neobohemia ha muerto antes de haber nacido.
Visten su verso inconcebible, vacío, obtuso, con expresiones ambiguas y hermafroditas que definen su personalidad, y no contentos con ello prolongan la agonía del reducido respetable añadiendo vocablos que aprendieron en la última novela de autor alternativo que dicen haber leído. Tiñen su verso de palabras que jamás alcanzarán a comprender.
Desde aquí les daré las gracias, por perdonarnos a cada segundo la vida. Sentimos no comprender la existencia de una manera tan perfecta y ecuánime como la suya. Sentimos llevar a cabo el atrevimiento de querer formar parte del vulgo. ‘Oh dioses terrenales, perdonad nuestra osadía. Perdonad que seamos inferiores mentalmente’.
A estos seres anacrónicos, podremos distinguirlos del resto de la sociedad atendiendo a distintos factores, los cuales procederé a describir:
(intentaré ser breve)
En primer lugar haré saber que todos los neobohemios, haciendo gala de su basta y amplia cultura literaria, realizan frecuentemente el amago de escribir verso o prosa, o incluso ambas al mismo tiempo. Gracias al cielo, suelen morir en el intento.
La diferencia de estos textos, con los del resto de escritores, es que el mensaje en los primeros se repite constantemente, gravitando en torno a la miseria y desgracia humana, resaltando el ideal: ‘Cuan dura y cruel es la vida que por infortunio me ha tocado vivir’
En segundo lugar, me gustaría hacer hincapié en un rasgo muy importante de los individuos que conforma esta etnia. Les gusta autodefinirse como ‘raros’ o más aún como ‘alternativos’.
Si a sus oídos llegan rumores de que alguien conocido o por conocer los ha considerado de este modo, su ego y su ano se dilatan en proporciones simétricamente idénticas.
Les gusta sentirse ‘diferentes’, para así sentirse al tiempo asilados del rebaño, que integramos el resto de la sociedad.
Podrás verlos portando gafas de sol en altas horas de la madrugada, luciendo sombreros dentro de espacios cerrados, y así toda clase de harapos que no servirían más que para hacer míseros trapos de sus lánguidos jirones.
En resumen: Son alternativos (…).
Por último, no podría dejar pasar por alto el rasgo más importante: Su afán por evadirse.
A menudo se sienten en la vida de paso. La monotonía les asfixia, les atrapa, les raciona el oxígeno.
Necesitan ampliar su ‘campo visual’, enaltecer su alma y su cuerpo. Lo que comúnmente el resto de la sociedad conocemos como vacaciones, ellos lo consideran un ‘descanso vital’, para poder continuar con la pesada carga del día a día.
Necesitan viajar, olvidar por un tiempo las calles que durante el año transitan. Desean alejarse de algo o de alguien, en la mayor parte de los supuestos por simple cobardía. Nadie puede comprender ni satisfacer sus necesidades si no comparte su ‘confesión religiosa’.
Nunca llegan a ser felices plenamente, en parte porque no lo desean. La soledad, la tristeza y el martirio les proporciona un siniestro placer, que nadie cabal y cuerdo llega jamás a comprender.
Podríamos decir que rentabilizan el dolor, para vomitar una especie de sonrisa.
Y así, a grosso modo, quedaría definida la estructura genérica de estos seres que conviven con nosotros.
A ellos quisiera dirigirme para rubricar estas líneas:
Soy consciente de que como animales libres que sois, estáis en todo vuestro derecho de comportaros salvajemente a vuestro antojo siempre y cuando no dañéis a las personas.
Se hace duro aceptar que vistáis así, que no sepáis integraros en la sociedad como el resto de individuos, y que mostréis una concepción de la vida a todas luces anormal; no obstante, a pesar de ello me veo obligado a respetarlo, que no a compartirlo. Ahora bien, por caridad humana: ‘No sigáis escupiendo esas vehemencias en forma de palabra escrita’
No me considero abanderado de ninguna causa, ni represento a nadie, aunque soy consciente de que son muchos los que comparten mi opinión; tan solo quiero que tengáis en cuenta que estáis haciendo mucho daño a la lengua castellana.
Es preferible que os sigáis drogando, pero no tratéis de escribir.
No al menos al mismo tiempo.
* Escrito por Alberto Rodríguez.
Si yo pudiera retenerlos, desnudarlos, hacerlos míos, mi verso iluminaría las pupilas de distinguidos poetas líricos, que reunidos en tertulias literarias, lamerían mi falo erguido. Mas como no persigo ese propósito, y si el conseguir ser leído, por todos los dioses digo: ‘Tomad hermanos el reflejo, de lo que pudo haber sido, y sin embargo, por circunstancias del destino, no quiso ser’.
Arrastrados por la vida, creyéndose a vuelta de todo, manchando el lustre de la bohemia, dicen ser autores de la nueva poesía.
Verso que una vez masticado y posteriormente vomitado, diezma su valor hasta alcanzar el del corazón de un hipócrita, arrancado y ensartado en un hierro oxidado y candente.
‘Por el amor de cristo, que blasfemias piensa este miserable’-Pensarán algunos seres, y seguramente con menos elegancia que la descrita-. Pero lo escrito es tan cierto, como que la neobohemia ha muerto antes de haber nacido.
Visten su verso inconcebible, vacío, obtuso, con expresiones ambiguas y hermafroditas que definen su personalidad, y no contentos con ello prolongan la agonía del reducido respetable añadiendo vocablos que aprendieron en la última novela de autor alternativo que dicen haber leído. Tiñen su verso de palabras que jamás alcanzarán a comprender.
Desde aquí les daré las gracias, por perdonarnos a cada segundo la vida. Sentimos no comprender la existencia de una manera tan perfecta y ecuánime como la suya. Sentimos llevar a cabo el atrevimiento de querer formar parte del vulgo. ‘Oh dioses terrenales, perdonad nuestra osadía. Perdonad que seamos inferiores mentalmente’.
A estos seres anacrónicos, podremos distinguirlos del resto de la sociedad atendiendo a distintos factores, los cuales procederé a describir:
(intentaré ser breve)
En primer lugar haré saber que todos los neobohemios, haciendo gala de su basta y amplia cultura literaria, realizan frecuentemente el amago de escribir verso o prosa, o incluso ambas al mismo tiempo. Gracias al cielo, suelen morir en el intento.
La diferencia de estos textos, con los del resto de escritores, es que el mensaje en los primeros se repite constantemente, gravitando en torno a la miseria y desgracia humana, resaltando el ideal: ‘Cuan dura y cruel es la vida que por infortunio me ha tocado vivir’
En segundo lugar, me gustaría hacer hincapié en un rasgo muy importante de los individuos que conforma esta etnia. Les gusta autodefinirse como ‘raros’ o más aún como ‘alternativos’.
Si a sus oídos llegan rumores de que alguien conocido o por conocer los ha considerado de este modo, su ego y su ano se dilatan en proporciones simétricamente idénticas.
Les gusta sentirse ‘diferentes’, para así sentirse al tiempo asilados del rebaño, que integramos el resto de la sociedad.
Podrás verlos portando gafas de sol en altas horas de la madrugada, luciendo sombreros dentro de espacios cerrados, y así toda clase de harapos que no servirían más que para hacer míseros trapos de sus lánguidos jirones.
En resumen: Son alternativos (…).
Por último, no podría dejar pasar por alto el rasgo más importante: Su afán por evadirse.
A menudo se sienten en la vida de paso. La monotonía les asfixia, les atrapa, les raciona el oxígeno.
Necesitan ampliar su ‘campo visual’, enaltecer su alma y su cuerpo. Lo que comúnmente el resto de la sociedad conocemos como vacaciones, ellos lo consideran un ‘descanso vital’, para poder continuar con la pesada carga del día a día.
Necesitan viajar, olvidar por un tiempo las calles que durante el año transitan. Desean alejarse de algo o de alguien, en la mayor parte de los supuestos por simple cobardía. Nadie puede comprender ni satisfacer sus necesidades si no comparte su ‘confesión religiosa’.
Nunca llegan a ser felices plenamente, en parte porque no lo desean. La soledad, la tristeza y el martirio les proporciona un siniestro placer, que nadie cabal y cuerdo llega jamás a comprender.
Podríamos decir que rentabilizan el dolor, para vomitar una especie de sonrisa.
Y así, a grosso modo, quedaría definida la estructura genérica de estos seres que conviven con nosotros.
A ellos quisiera dirigirme para rubricar estas líneas:
Soy consciente de que como animales libres que sois, estáis en todo vuestro derecho de comportaros salvajemente a vuestro antojo siempre y cuando no dañéis a las personas.
Se hace duro aceptar que vistáis así, que no sepáis integraros en la sociedad como el resto de individuos, y que mostréis una concepción de la vida a todas luces anormal; no obstante, a pesar de ello me veo obligado a respetarlo, que no a compartirlo. Ahora bien, por caridad humana: ‘No sigáis escupiendo esas vehemencias en forma de palabra escrita’
No me considero abanderado de ninguna causa, ni represento a nadie, aunque soy consciente de que son muchos los que comparten mi opinión; tan solo quiero que tengáis en cuenta que estáis haciendo mucho daño a la lengua castellana.
Es preferible que os sigáis drogando, pero no tratéis de escribir.
No al menos al mismo tiempo.
* Escrito por Alberto Rodríguez.
Etiquetas:
Alberto Rodríguez,
La Lola's Club
viernes, 4 de septiembre de 2009
Entre el estío y el frío
Se irán para no volver,
cruzando el túnel del sueño.
Dejando un haz de luz,
un ligero destello.
Se irán para no volver,
como pájaros sin dueño.
Desangrando el cielo
con su caótico vuelo.
Cuando los ojos creían
que el eterno azul era eterno,
cuando los veranos de una vida
ardían en un mísero invierno;
cuando había una salida
al otro lado del averno…
Ya sabía que te quería.
Ya te amaba sin saberlo.
cruzando el túnel del sueño.
Dejando un haz de luz,
un ligero destello.
Se irán para no volver,
como pájaros sin dueño.
Desangrando el cielo
con su caótico vuelo.
Cuando los ojos creían
que el eterno azul era eterno,
cuando los veranos de una vida
ardían en un mísero invierno;
cuando había una salida
al otro lado del averno…
Ya sabía que te quería.
Ya te amaba sin saberlo.
martes, 19 de mayo de 2009
A los puristas desaprensivos
Espero que los puristas desaprensivos no se ofendan por el atrevimiento. Simplemente quisiera dedicar este soneto a la memoria de uno de los más grandes y prolíficos escritores líricos que ha dado la lengua castellana. Este soneto, va por su memoria, aunque él no lo sepa. Gracias.
( A Mario Benedetti, 1920-2009 )
Alberto Rodríguez
( A Mario Benedetti, 1920-2009 )
Alberto Rodríguez
A un grande
El olvido está lleno de memoria
tu memoria vacía del olvido
el último latido ya es historia
en el salón de los pasos perdidos
¿Por qué la noche está de ojos abiertos?
¿por qué tuvo que ser el mes de Mayo?
¿por qué cayó un rayo en este desierto
llevándose consigo al uruguayo?
Voy a cerrar los ojos un segundo
voy a permitir que se escape el día
esperaré la oscuridad del cielo
Hoy no deseo subirme a este mundo
no voy a estar para otra poesía
que no sea la que levantó el vuelo
* Escrito por Alberto Rodríguez.
tu memoria vacía del olvido
el último latido ya es historia
en el salón de los pasos perdidos
¿Por qué la noche está de ojos abiertos?
¿por qué tuvo que ser el mes de Mayo?
¿por qué cayó un rayo en este desierto
llevándose consigo al uruguayo?
Voy a cerrar los ojos un segundo
voy a permitir que se escape el día
esperaré la oscuridad del cielo
Hoy no deseo subirme a este mundo
no voy a estar para otra poesía
que no sea la que levantó el vuelo
* Escrito por Alberto Rodríguez.
viernes, 8 de mayo de 2009
Dama de burdel
No tengo remedio.
De un tiempo a esta parte, me juré alejarme de estos sitios… De éste en especial. Me juré no volver, pero he jurado en vano tantas veces a lo largo de mi vida, que a estas alturas jurar es un acto de fé que para mi carece fundamentalmente de valor. No obstante, en esta ocasión estuve a punto de creérmelo.
Después de unas semanas, al cabo de un tiempo, volví a verme bajar las escaleras, sintiendo en cada paso la cercanía al averno.
Antes de entrar, acaricie el cristal de la puerta (a la que, por cierto, no le hubiera venido nada mal una capa de pintura, y dos o tres de dignidad), y empecé a sentir una crisis de ansiedad.
‘No debí levantarme de la cama esta mañana’- pensé entre jadeos. - ‘Nunca debí volver a este rincón lleno de arrastrados’.
Creo que fue la primera y única vez en mi vida en la que sentí verdadera lástima por mí.
Me habría dejado caer allí mismo, justo a las puertas del infierno, de no ser por ella. Un efluvio dulce y gris recorrió la distancia entre mi posición y el peldaño más próximo a la realidad. Alcé la mirada, y como por arte de algún tipo de magia oscura, ella estaba allí.
Clavó sus pupilas en mi pecho, y sentí un dolor tan placentero que no pude evitar la sonrisa. Mi sonrisa… Aquella sonrisa, que terminó siendo más suya que mía.
Lo recuerdo perfectamente. Se deslizó escalera abajo con la gracia de Marilyn en ‘los caballeros las prefieren rubias’, y empujó suavemente el pomo de cobre oxidado anclado en la puerta, sin retirar ni un segundo sus ojos de mi estampa.
Que puedo decir… La seguí conteniendo la respiración. Había llovido mucho desde la última vez que me sentía completamente seguro de mis pasos. A decir verdad, en ese mismo instante, la habría seguido a las profundidades del océano si me lo hubiera pedido.
Todo seguía igual, nada había cambiado en absoluto. La apariencia que días atrás el bar había lucido seguía intacta. Aquello seguía dando tanto asco como desde el principio. Puede decirse que aquel era su encanto.
No sentamos en una mesa apartada del sudor de los pocos parroquianos que se habían dejado caer por allí un martes noche. El ambiente era tranquilo, tanto que pudimos conversar sin necesidad de alzar la voz por encima de nada ni nadie.
‘No sé aún tu nombre’ - le pregunté apurando las palabras. Esperé a que sus labios dibujaran una bocanada de humo. ‘Tampoco importa demasiado’ - respondió muy pagada de si misma. ‘No, desde luego que no’ - respondí tratando de comprender el significado de su expresión. ‘Eres algo estúpido’ - espetó. Aquello fue una afirmación en toda regla. Asentí. ‘Y creo entender que tú una prostituta’ - murmuré algo desorientado.
Poco después comprendí, que me había enamorado de una dama de burdel…
De un tiempo a esta parte, me juré alejarme de estos sitios… De éste en especial. Me juré no volver, pero he jurado en vano tantas veces a lo largo de mi vida, que a estas alturas jurar es un acto de fé que para mi carece fundamentalmente de valor. No obstante, en esta ocasión estuve a punto de creérmelo.
Después de unas semanas, al cabo de un tiempo, volví a verme bajar las escaleras, sintiendo en cada paso la cercanía al averno.
Antes de entrar, acaricie el cristal de la puerta (a la que, por cierto, no le hubiera venido nada mal una capa de pintura, y dos o tres de dignidad), y empecé a sentir una crisis de ansiedad.
‘No debí levantarme de la cama esta mañana’- pensé entre jadeos. - ‘Nunca debí volver a este rincón lleno de arrastrados’.
Creo que fue la primera y única vez en mi vida en la que sentí verdadera lástima por mí.
Me habría dejado caer allí mismo, justo a las puertas del infierno, de no ser por ella. Un efluvio dulce y gris recorrió la distancia entre mi posición y el peldaño más próximo a la realidad. Alcé la mirada, y como por arte de algún tipo de magia oscura, ella estaba allí.
Clavó sus pupilas en mi pecho, y sentí un dolor tan placentero que no pude evitar la sonrisa. Mi sonrisa… Aquella sonrisa, que terminó siendo más suya que mía.
Lo recuerdo perfectamente. Se deslizó escalera abajo con la gracia de Marilyn en ‘los caballeros las prefieren rubias’, y empujó suavemente el pomo de cobre oxidado anclado en la puerta, sin retirar ni un segundo sus ojos de mi estampa.
Que puedo decir… La seguí conteniendo la respiración. Había llovido mucho desde la última vez que me sentía completamente seguro de mis pasos. A decir verdad, en ese mismo instante, la habría seguido a las profundidades del océano si me lo hubiera pedido.
Todo seguía igual, nada había cambiado en absoluto. La apariencia que días atrás el bar había lucido seguía intacta. Aquello seguía dando tanto asco como desde el principio. Puede decirse que aquel era su encanto.
No sentamos en una mesa apartada del sudor de los pocos parroquianos que se habían dejado caer por allí un martes noche. El ambiente era tranquilo, tanto que pudimos conversar sin necesidad de alzar la voz por encima de nada ni nadie.
‘No sé aún tu nombre’ - le pregunté apurando las palabras. Esperé a que sus labios dibujaran una bocanada de humo. ‘Tampoco importa demasiado’ - respondió muy pagada de si misma. ‘No, desde luego que no’ - respondí tratando de comprender el significado de su expresión. ‘Eres algo estúpido’ - espetó. Aquello fue una afirmación en toda regla. Asentí. ‘Y creo entender que tú una prostituta’ - murmuré algo desorientado.
Poco después comprendí, que me había enamorado de una dama de burdel…
Etiquetas:
Alberto Rodríguez,
La Lola's Club
miércoles, 11 de marzo de 2009
Por ti...
Hablar de ti sin conocerte,
amarte sin recordar tu nombre...
Soñar contigo, imaginarte,
buscarte sin saber donde.
Escapar de mí, maldecirte,
desearte como hombre...
Bailar conmigo sin pisarte
revelarte lo que la verdad esconde.
Pintar ojeras cada madrugada,
rayar la locura,
olvidar cada noche quién fui...
Dar todo a cambio de nada,
rasgar mis vestiduras,
escribir estas líneas por ti...
* Escrito por: Alberto Rodríguez
amarte sin recordar tu nombre...
Soñar contigo, imaginarte,
buscarte sin saber donde.
Escapar de mí, maldecirte,
desearte como hombre...
Bailar conmigo sin pisarte
revelarte lo que la verdad esconde.
Pintar ojeras cada madrugada,
rayar la locura,
olvidar cada noche quién fui...
Dar todo a cambio de nada,
rasgar mis vestiduras,
escribir estas líneas por ti...
* Escrito por: Alberto Rodríguez
miércoles, 21 de enero de 2009
No fue bueno... pero fue lo mejor
Las mujeres, los hombres, los niños, los perros...todos, absolutamente todos, perseguimos el mismo deseo durante nuestra existencia: ‘Amar y ser amados’.
Odio a esa clase de personas que reniegan del amor, a ese tipo de personas que se escudan con frases del tipo: ‘El amor no está hecho para mí’…‘Realmente nunca supe amar’…‘Amo mi soledad’…‘Nací para ser libre’… Mentira. Todo es una falacia.
No son más que frases carentes de sentido, frases de consuelo para tipos tristes, para hombres, mujeres, niños y perros que fueron abandonados a su buena suerte.
Quizá no fue en una cuneta, quizá tampoco en un bar, quizá no sufriste directamente el abandono físico por parte de otra persona o ser animado…pero lo sientes así.
Sientes que nadie te comprende, que todo el maldito y ruidoso mundo vive en pareja, que estás condenado a caminar solo por el mundo…piensas que jamás conocerás a nadie que merezca la pena...Piensas que la humanidad se está yendo a pique, y que nadie se encuentra a salvo…Piensas que...dejar de pensar sería la mejor respuesta.
Últimamente tan solo frecuentas cuerpos, desnudas mentes, recorres calles de madrugada, y todo ello ¿para qué?... cariño, yo tengo la respuesta; Todo ello para volver a casa sintiendo que tu vida está un poquito más vacía. Esto debe ser lo que los bohemios entienden por felicidad. En fin.
Cansado de navegar entre dos aguas, cansado de la rutina, casado de todo y de nada, cansado sin más. Estoy cansado.
Odio conocer a desconocidos, y desconocer a los que creo conocer. Odio demasiadas cosas, pero he de reconocer que amo muchas más de las que odio.
Me odio por tirar por tierra mis principios, por ser en ocasiones un cobarde. Me odio…pero he de reconocer que me amo mucho más.
Tengo una teoría, basada en que el ser humano realmente no busca comprensión en otras personas, sino simple y puro amor. Amor verdadero. Amor ‘del bueno’ que dicen.
Es una simple teoría, tengo otras mucho mejores.
Decía el gran y pérdido sabina en una de sus coplas:
Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…
No le falta razón…pero yo soy de los que piensan que hay que saltar al vacío cuando uno así lo siente, a pesar de los efectos de la caída.
Podría decirse del amor, cuando termina: ‘No fue bueno, pero fue lo mejor’.
Ay dios, si del mundo yo tuviera el timón…
* Escrito por: Alberto Rodríguez
Odio a esa clase de personas que reniegan del amor, a ese tipo de personas que se escudan con frases del tipo: ‘El amor no está hecho para mí’…‘Realmente nunca supe amar’…‘Amo mi soledad’…‘Nací para ser libre’… Mentira. Todo es una falacia.
No son más que frases carentes de sentido, frases de consuelo para tipos tristes, para hombres, mujeres, niños y perros que fueron abandonados a su buena suerte.
Quizá no fue en una cuneta, quizá tampoco en un bar, quizá no sufriste directamente el abandono físico por parte de otra persona o ser animado…pero lo sientes así.
Sientes que nadie te comprende, que todo el maldito y ruidoso mundo vive en pareja, que estás condenado a caminar solo por el mundo…piensas que jamás conocerás a nadie que merezca la pena...Piensas que la humanidad se está yendo a pique, y que nadie se encuentra a salvo…Piensas que...dejar de pensar sería la mejor respuesta.
Últimamente tan solo frecuentas cuerpos, desnudas mentes, recorres calles de madrugada, y todo ello ¿para qué?... cariño, yo tengo la respuesta; Todo ello para volver a casa sintiendo que tu vida está un poquito más vacía. Esto debe ser lo que los bohemios entienden por felicidad. En fin.
Cansado de navegar entre dos aguas, cansado de la rutina, casado de todo y de nada, cansado sin más. Estoy cansado.
Odio conocer a desconocidos, y desconocer a los que creo conocer. Odio demasiadas cosas, pero he de reconocer que amo muchas más de las que odio.
Me odio por tirar por tierra mis principios, por ser en ocasiones un cobarde. Me odio…pero he de reconocer que me amo mucho más.
Tengo una teoría, basada en que el ser humano realmente no busca comprensión en otras personas, sino simple y puro amor. Amor verdadero. Amor ‘del bueno’ que dicen.
Es una simple teoría, tengo otras mucho mejores.
Decía el gran y pérdido sabina en una de sus coplas:
Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…
No le falta razón…pero yo soy de los que piensan que hay que saltar al vacío cuando uno así lo siente, a pesar de los efectos de la caída.
Podría decirse del amor, cuando termina: ‘No fue bueno, pero fue lo mejor’.
Ay dios, si del mundo yo tuviera el timón…
* Escrito por: Alberto Rodríguez
Suscribirse a:
Entradas (Atom)