domingo, 21 de febrero de 2010

Demonios

Sueño. Pienso. Soy caballo sin establo...

Lord Byron

Jamás he sido dado a la gratuita admiración. Idolatrar a alguien siempre mucho me ha costado. Mejor así. Hay quien admira cada vez que mira. Yo prefiero estudiar, y un precio por ello acordar.

No me gusta que la gente sea admirada en balde. Pagar me parece lo más justo por hacerlo. Más de una persona mi dinero ha rechazado, instándome a gastarlo en un psicólogo. Como si lo precisase…

No veo qué hay de raro en ello. El intelecto debería ser un bien preciado, especialmente en un mundo de ello tan carente. Por el contrario, día a día es menospreciado con continuos insultos a la inteligencia que me recuerdan a Lord Byron.

No es que considere a éste imbécil. Nada más lejos. George Gordon era alguien muy cultivado. Lo que me lleva a él es el pensamiento que él tenía y que a la zoofilia recordaría hoy día.

Dijo una vez el poeta que cuanto más del hombre conocía, más a su perro quería. Sobre la mujer, en cambio, lamentó no poder decir lo mismo. Y es que ya se sabe, cada mujer es un mundo.

Cada hombre, mientras tanto, es una isla en el amor con dos neuronas naufragadas. La simplicidad de su razón viene dada por la pasión. Cuando Robinson domina a Miércoles, el punto máximo de ebullición provoca una instintiva. La mujer va más allá. Por eso es más fácil morir por ella que con ella convivir.

La simplicidad lleva a muchos hombres a contar con los dedos de las manos. Sus complicaciones derivan en imaginarnos contando los anillos de las amantes que en tiempo de crisis jamás tendremos.

Otro gallo cantará cuando ésta acabe. O no. Cuestión de amor y huevos. No sé si lo sabrás, pero hay mujeres con un carácter tal que invita a jugar al ajedrez en lugar de ser infiel. Quizá por ello siga soltero. Si no puedo ser infiel, tampoco quiero mover mi alfil.

Algunas te obligan a moverlo cargadas de pasión. Luego dejan el ajedrez de lado por un poco de compasión. Conocen nuestra condición de primates y nuestros instintos más primarios. No les resulta divertido ganar a un mono. Por eso prefieren copular. Mejor ganar un polvo que en menos tiempo de lo que éste dura matar a un rey.

Sobre sexo nunca habló Lord Byron. Sí lo hizo de amor. Es lo único que en la vida hay que ganarse. El resto se puede conseguir robando. Los tiempos han cambiado, pero no los sexos.

Nosotros somos simples, ellas complicadas. En nuestra simpleza radica su incomprensión. En sus rarezas se pierden neuronas y corazón. Por eso, como Lord Byron, yo no hago caso al mío. Prefiero dejarme llevar por la pasión. O untado en mermelada, dejarme querer por mi perro.

jueves, 18 de febrero de 2010

Malos tiempos

Hace ya doce años, Golpes Bajos hablaba de los malos tiempos para la lírica. Hoy no corren tiempos mejores. Quizá, de ahí que sea ésta la canción más idónea para adornar las palabras del periodista de La Lola's.

Entre debate y debate

No marchan bien las cosas para el gobierno de la nación. Tampoco es tiempo de vino y rosas para aquellos que le hacen oposición. Da igual. Ambos abren debates. ¿Quién necesita acción? Aquí eso no se lleva. Preferimos el talante.

En el último G-20 pensamos partir la pana, pero la refundación del capitalismo salió rana, como las hijas de Zapatero. Dieron igual las calabazas del mono Amedeo. Que las niñas son góticas, pareció más importante.

Hubo consenso. Escaseó el manido debate. Las niñas son feas. ¿Para qué lucirlas en ningún escaparate? Su padre fue a poner cafés. Ellas a hacerse la foto. No se hable más. Es todo un disparate.

En cuestión de Estado no hay acuerdo. Dicen unos que de la crisis salir saben. Dictan libros a escribientes, vanidosos. Los otros tiempo ha a la ONCE se han abonado. Tras tanto palo de ciego, parece lo más cuerdo. Adiós a los dislates… o no.

Al uno le aprieta la correa. El otro come faisanes. Cuestión de percha y trajes. O de desvelar un par de planes. Ya se sabe, primero cueces. Luego te enriqueces. Pregunten a Garzón. ¿Esa barriga, es de chocolate?

También él ha caído. Antes se enfundaba el “Drogas no”. Ahora tarde se ha inhibido. Con Gil y Gil jugaba contra el opio. El fútbol es del pueblo. Para el aburrimiento resulta remedio. La crisis no lo tiene. Caballo desbocado, cabalga sin jinete.

Al Rey en USA ronda un Nobel. A ZP en Madrid planta un Goya. Primer Jefe de Estado el nuestro que recibe Obama. Tosar hace ayuno. Prefiere farra y cama. Ríe la oposición. Nadie quiere una moción, pero tampoco al de la ceja. A disgustos van empate.

Tantos kilómetros para leer la Biblia, y vas y no hablas de Dios. Zapatero, te está bien empleado. Hasta mi perro habla tres idiomas. ¿Cómo te va a querer Obama, si no te entiende? ¡Aaay, botarate!

Ríe Rajoy, rodeado de hijos de las cuatro letras. Presidir es su meta. La ceja acepta el envite. No hay emoción. El gallego se sabe perdedor. ¿Ey, Marianete, si no sabes presidir pa’ que te metes? Más de uno en tu propio partido te considera tan poco válido como un primate.

Tutankhamon ha muerto, dice la prensa. El gremio está a otras cosas. Información servicios. La política aburre. Y una mierda. Que pregunten a cuatro millones de parados si prefieren ver fútbol los lunes o que a su parálisis se encuentre solución. El opio no es más que un acicate mientras entre debate y debate, se invita a la Merkel a que venga, como el Equipo A, al rescate.

lunes, 15 de febrero de 2010

Nombres Impropios

Periodismo y televisión. Nombres impropios para lo que en "Fresa Ácida" hacen. Deberían llamarse, más bien, vergüenza y telebasura. Nombres impropios. Como los de esta canción:

Fresa Ácida

Tengo miedo a visitar al matasanos. Anoche contradije sus recomendaciones. Encendí el televisor y, ¡maldito TDT! Apareció sintonizado Telecinco. Y con él… ellas.

Una morena de nombre desconocido en medio. Ojos de furcia. Más ancha que larga. A su siniestra, la ex de Mermelada. A La Alcayde hasta aquí la conocemos. Generosa ella en el reparto de neuronas. Egoísta en el de silicona. Y al otro extremo, Adriana.

Éste fue el sujeto que más me maravilló. Gracias a ella, mi televisor no ha cambiado su ubicación por un contenedor. ¿O debería decir por culpa suya? Hacía tanto tiempo que no veía la televisión amiga que olvidaba que aún hubiese en nuestro planeta vida tan poco inteligente.

Créeme, muchacho, si te digo que Ojos de furcia no era nada comparada a ella. Sólo el maquillaje hacía a aquel cuerpo botijo merecerse tal denominación. Adriana, en cambio, da sentido a cualquier gracia existente y concerniente a los pelos del sobaco de una rubia oxigenada.

Subida a dos andamios tacones mal llamados lucía piernas escasas de sauna. Con un vestido rosa, enseñaba casi hasta el alma en cuanto contoneaba sus caderas imitando un primitivo baile que bien podría ser interpretado por mi tabla de planchar. Labios pintados de un leve rosa. En la cabeza dos neuronas. Ambas ciegas y cojas.

Bien podría también llamarla imbécil, pero no tengo el gusto haberla conocido copa en mano. De cianuro se la pagaría si en algún momento de mi vida la encontrase y que así de simple es me mostrase.

Simple por llegar a fin de mes alargando con su sombra de ojos aquella que estereotipa a mujeres como ella como tontas. ¿Cuántos periodistas más válidos que ella habrán empaquetando artículos en un supermercado? Aunque, pensándolo bien, poco mejor que ella se podrá encontrar si lo que quieres es esa imagen dar…

Adriana sale en televisión, quiero creer que tras cinco años de carrera. ¡Cinco años estudiando para acabar haciendo eso! Para acabar leyendo un guión plagado de típicos tópicos que la convierten en mundana, en una rubia más que llevarte a la cama, sin más sustancia que la que sea capaz de tragar al acabar.

Aunque, no creas, el contenido del programa no era mejor. Mi úlcera resistió toda aquella demagogia que retrata a los hombres españoles como homófobos, machistas y xenófobos que sobre musulmanes defecamos después de estar con nuestro amante gay llamando a los maulas de nuestro equipo “maricón” vestidos de mujer por carnaval.

Pero la cosa no acaba ahí, pues también hablaron del ‘Punto G’ y se mofaron de los hábitos de nuestras ancianas. E incluso unieron ambas cosas y se permitieron el lujo de criticar a una señora que en sus tiempos mozos sería como las conductoras del programa: Ignorante.

Esa señora, analfabeta de hecho o de derecho, acusaba a Zapatero de inventarse la zona erógena en cuestión un rato antes de que éste fuese chopeado en bikini junto a Rajoy.

No obstante, podemos estar tranquilos. Al finalizar el vídeo, Adriana concluyó abierta de piernas (una vez más) que la culpa es de los tubitos, que visten al punto en cuestión de experimento. O la conclusión fue de La Alcayde, no lo sé. Yo también estaba entretenido buscando a la rubia de bote el ‘Punto G’.

En fin… Vergüenza de periodismo, y vergüenza de televisión. La culpa es mía, por darles share anoche, o de otra mucha gente por hacer lo propio en lugar de pedir al Ayuntamiento de turno el desaloje de tan maloliente vecino. Porque, ¿qué diferencia hay entre un ancianolescente con Síndrome de Diógenes y una televisión tan… ácida?

¡Ah! Cierto, cincuenta años, y una rubia abierta de piernas.

martes, 9 de febrero de 2010

Chasing Cars

Malgasto mi tiempo soñando contigo. Malgasto mi tiempo... persiguendo coches.

Como un perro persiguiendo coches

¿Sabes, cielo? Dios ha muerto. Encontraron su cadáver desnudo en aquel huerto en que la luna nos dictaba obscenidades e improperios. Su alma ha sido pasto de las llamas. Sería bueno poner velas al diablo. Después de todo, si ha nacido es que no es malo. O eso dice mi madre...

Ya sabes cómo es éso de que la fe mueve montañas. Como mujer es piadosa y no cree en la maldad de la humanidad. Ahora bien, como madre su confianza es menos, quizá porque mientras la fe se basa en la confianza ciega, a uno tiende a verlo desde siempre dando palos de invidente.

No es que su vástago sea a sus ojos malo, sino que malas son las fórmulas que utiliza buscando una felicidad que años ha está por llegar. Malas por ambiciosas o poco realistas, diría si por ello fuera cuestionada.

Y es que si algo llevo grabado a fuego desde niño, es su identificación con un can. Desde que empecé a soñar, me acostumbré a escuchar cómo me decía:
"Cariño, eres como un perro persiguiendo coches. Corres y corres detrás de tus sueños, pero jamás los alcanzas. ¿Y para qué? Aunque lo hicieras, a buen seguro tampoco serías capaz de guiarlos donde pretendes…”.

Creí que contigo sería distinto. Me equivoqué. No fue buena idea comer galletas para calmar la sed. Lo lógico habría sido la sinrazón de perder contigo la cabeza y olvidar la precaución que nos llevó durante un tiempo a besarnos con el casco puesto.

Pasamos la línea rosa que separa amor de atracción. No precisamos tablero. Tampoco hizo falta ajedrez. Poner en jaque a la reina resultó ser suficiente. El remate fue un beso largo con sabor a café rimado. Luego, lo esperado. La ruleta convirtió aquello en drama. Una bala atravesó mi alma. Se llevó consigo un sueño. Ya lo decía mi madre, un nuevo coche se escapa…

Desde entonces imagino cómo habría sido todo si no fuese un sinsentido. De pensamiento ocioso peco en la que otrora fue tu cama. Serpiente y manzana, a ambas las maldigo. Dichoso pecado el dejarte escapar, con Dios como testigo.

Comprándole armas probé suerte. De nada sirvió. Las tuyas fueron siempre mucho más poderosas. Pensaron mis amigos que mi lengua la había comido la gata de mi novia. ¡Y una mierda! Aquel perro salchicha a la meta arribó primero.

Qué otro remedio me quedó que firmar con Lucifer la paz por jamás haber olvidado. No me pareció mal tipo. Sólo un hombre despechado. Hicimos buenas migas. Quizá por ello lo de Dios fuese provocado.

¡Ni olvido ni perdón! Dios no obró el milagro. Entiendo a mi amigo y su rencor. Sus cuernos no fueron buscados. Por eso su condena en llamas, y por eso mis estigmas. Y es que mi corazón aún sangra cuando fluye tu recuerdo de un bolero de Machín.

Eres creyente, pero también rencorosa. Querrás matarme cuando leas ésto que te digo. ¿No te parece la frustración suficiente castigo? Toda una vida intentando ser feliz, y nunca lo consigo.

Ya nada importa. Ven ahora y hazlo, pero que sea a partir de las diez. Antes soñaré con que alcanzo por fin un coche. Antes soñaré con que soy feliz contigo…

domingo, 24 de enero de 2010

E lucevan le stelle

L'ora è fuggita... E muoio disperato.

Martes Trece

Ropa en el suelo. Alcohol en las sábanas. Sangre en el espejo. Estás cansado. Vas por tu décimo folio en blanco. Piensas en el gato. ¿Quién lo habrá matado?

Suena una ranchera. Otra vez el móvil. La cabeza te estalla. El teléfono lo hace contra la pared. No encuentras en ella tu sombra. Tiempo atrás te abandonó. Nada te queda. Ni siquiera tu poesía.

Hace tiempo practicabas verso libre, o eso decías. Ahora sólo te sientes protagonista de “Una muerte en tu mochila”. Te aferras a un sueño. Ese grillete de avión será tu salvación.

Guardas una muda limpia y un par de profilácticos. Aún confías en tu virilidad. Un polvo en el infierno puede minimizar los daños, piensas. Iluso. ¡Mírate! No habrá santa que contigo el purgatorio gane.

Preparas tu última cena. Te imaginas como sería la siguiente con Elvis de telonero. Definitivamente crees que de love me no entender. De lo contrario, ella no te habría abandonado, ni tampoco llevarías días durmiendo con un puñal bajo la almohada.

No ansías cortarte las venas. Buscas sólo un remedio con el que partir en dos tus penas. El que no lo sea la navaja no es razón para que luzcas largas las arterias. No vas a la moda. Jamás hacerlo te gustó. Siempre preferiste el innovar. De ahí que sin paracaídas pienses intentar volar.

Finges ser indiferente al caos que te rodea. Oyes tambores de una guerra que está aún por librar. ¿Es la resaca, o sufres acaso alucinaciones? Todo iba mejor cuando vivías en el frente.

Anhelas tu infancia. De mayor querías ser farola, ¿recuerdas? Tu vida, dulce paradoja. Has acabado borracho en una lúgubre habitación, buscando a base de soplidos apartar la oscuridad. ¡Bendito iluminado!

Recoges tu arma. Limpias el espejo. ¿Tienes algún tipo de complejo? Tenerla más grande no te hace mejor. Ni siquiera menos frío. Piensas cómo la vida podría haber sido si te quedara algún amigo. Recuerdas que el que tenías lo cambiaste en el Congo por el abrazo de un pingüino.

Arrastrado. Así vives desde entonces. Eres un borrón en la cuenta del recuerdo. Ni siquiera tu cadáver asistirá a su sepelio. Pobre Diablo, y de segundo Indiferencia. Jamás una lápida a quién la porta mejor ha definido.

Vuelves a la mesa. Intentas vomitar algo que quizá un día hayas soñado. No redactas nada. Cualquier escrito tuyo es hace tiempo agua pasada. Vuelves a engañarte. No te falta inspiración, te faltan huevos pa’ matarte. En ello piensas, soñando que la besas.

Observas en el calendario tu via crucis particular. Parece ser hoy martes, y decides acostarte. También es día trece y, acabar con lo empezado, hoy ya no te apetece…

miércoles, 20 de enero de 2010

You're missing

Quizá me enamoré de un reflejo, pero falta quien en el espejo se refleja. Falta cuando excluyo las luces, cuando cierro los ojos. Falta cuando The Boss canta.

Quizá me enamoró un reflejo

Quizá me enamoró un reflejo
de lo que pudo haber sido,
pero vivir en el engaño
fue mejor que este espejo.
Ya vendrán tiempos peores,
tan solo espera el ocaso.
La sombra de lo que fuimos,
la lluvia de los tejados.
No quieras soñar
aquello que puedas alcanzar
con el hielo de tus manos.
Los sueños nunca regresan
a este mundo, donde los muertos
dicen estar vivos,
a esta calle
dónde mueren cada noche,
los versos que te ofrezco.
Ábreme la puerta
si trato de huir por tu ventana.
No me hables del mañana.
No revivas el pasado.
Confieso que he pagado
las deudas del futuro,
otra vez sin un duro
más de lo mismo…
solo ante el abismo,
bajo este cielo oscuro.

Nuevos planes, idénticas estrategias

Vienen de ser trazados unos nuevos planes por los cuales en El Rincón la extraña pareja pueda dejar paso a una terna muy poco taurina. Quién sabe. Claro queda que la nueva firma que hoy aparece en uno de nuestros relatos sigue una idéntica estrategia a la hasta ahora seguida:

Utilizar la oscuridad como iluminación de canciones que aspiran a convertirse en literatura o, al menos, en compañera de algo que aparente serlo.

Hora de desayunar

Las moscas zumbaban y revoloteaban como atareadas. Se posaban en la repisa, después en la mesa y como impulsadas por una invisible atracción remontaban vuelo de nuevo e iban a parar al cabello de Jacob. Éste las apartó dando un manotazo al aire a modo de respuesta instintiva, en una acción vacía de inteligencia. Sus ojos mate seguían fijos en el televisor. Emitían un programa en el que azafatas de imperturbables sonrisas repartían cantidades exorbitantes de dinero y todo el público asistente no cesaba de aplaudir. Las imágenes pasaban por delante de los ojos de Jacob desfilando ante un público inexistente y los sonidos monótonos circulaban en espiral como repitiéndose una y otra vez en un sinsentido asfixiante. El reloj marcaba la solitaria hora de las 16. Coincidiendo con uno de los clics de las manecillas del reloj Jacob se inclinó para sorber un trago del botellín de cerveza. Yacía semiinconsciente en uno de los sillones del porche de su casa y parecía haber recobrado algo de vitalidad. Alzó la vista ante la incertidumbre que inundaba todo su alrededor sin fijarse en nada concreto. Un vehículo... dos tragos mas de cerveza... otro vehículo. Las moscas seguían posándose en la piel de Jacob como pequeñas descargas eléctricas ante su pasividad. Entretanto una maquinaria interior al cuerpo de Jacob parecía empezar a funcionar. De la nada surgió un bostezo que sería el comienzo de una serie de gruñidos y movimientos más dignos de un animal que de una persona. Jacob se levantó haciendo crujir el sillón y se apretó la cara fuertemente con ambas manos casi hasta hundir sus facciones. La calle simulaba un solar y un calor soporífero daba la sensación de que todo objeto o persona sobre el suelo estuviera cubierto por una fina capa grasienta de aire embotellado. Jacob avanzó un par de pasos torpemente y de pronto dio un respingo. Una mujer asomaba por la puerta principal y lo miraba sonriente. - ¿No entras?- Dijo ella, y tras una pausa, continuó – lo de anoche estuvo bien ¿eh?-. Jacob, que se evaporó durante unos instantes, contestó como si un resorte automático hubiese sido puesto en funcionamiento – si- y después recordó quién era aquella marioneta que esperaba expectante una respuesta en la puerta de su casa. No era su nombre lo que apareció en su mente, nunca lograba recordarlo, era sencillamente otra de las mujeres con las que pasaba algunas noches para sofocar el hastío que lo asolaba. Aquellos días, la resaca lo despertaba por las mañanas y, después de darse una ducha fría, encendía un cigarrillo y salía a caminar. Lo hacía por inercia. Ésta se había enraizado con el paso de los años en el cuerpo de Jacob y tenía su fundamento en un miedo premonitorio a ser alcanzado por algo; Jacob se hallaba en permanente huída de una realidad, de una vida por la que no quería ser atrapado. Sus paseos resultaban una terapia de la que no podía desprenderse. Después, volvía al porche de su casa y se sentaba en su sillón frente al televisor con un movimiento similar al que realiza la bisagra de una puerta. A partir de aquí, lo único factible consistía en filtrar el tiempo con una quietud anestésica y esperar, esperar... un vehículo... nada... una mosca... el chasquido de una hoja seca al llegar al suelo... La mujer seguía expectante como si la hubiesen disecado, aunque tan solo habrían pasado un par de segundos. Seguía sonriente. Parecía que le habían puesto dos clavos invisibles en la comisura de los labios. Jacob cruzó el marco de la puerta sin prestar demasiada atención a aquella mujer. Una vez dentro, las paredes de la casa se cernían sobre él causándole la impresión de que en cualquier momento quedaría sepultado bajo los escombros. Caía sobre sus hombros una gravedad incesante que consumía su energía hasta dejarlo agotado. Estuvo merodeando por la casa como un extraño recién llegado posando un pie tras otro aleatoriamente. Un bocado. La comida resbaló por un tobogán de plástico hasta llegar al estómago. Caminó hasta su habitación. Allí estaba ella, de espaldas a él, sentada en la cama. Por primera vez observó con detenimiento su figura. Su piel era tersa y fina, del color de la leche. Sus cabellos eran largos y lisos y caían como una cascada amoldándose a la forma de su espalda. Su silueta, marcada por la luz que entraba justo enfrente suyo, era un haz de líneas que formaba perfectos dibujos. Toda ella sugería un placer sexual infinito. Nada de esto resultaba suficiente para Jacob que no se inmutó al verla. – Tienes que marcharte- decretó Jacob. Ella se levantó y cogió sus cosas con movimientos precisos. Pasó por delante de él y ambos ni se miraron; la mujer parecía entender tan bien como Jacob el funcionamiento de la rutina. Se fue. Jacob encendió un cigarrillo y se dirigió al salón con inactividad. Al observarlo, uno tenía la sensación de que no se desplazaba ni un centímetro cuando en realidad si lo hacía. Se desplomó en el sofá y conectó la televisión. Un par de caladas... entumecimiento. Una musiquilla monótona lo despertó. El telediario de la mañana acudió puntual a su cita. Acompañados por una voz plomiza los párpados de Jacob se abren dejando pasar una luz intensa. Se levanta. Se asoma a la ventana y enciende un cigarrillo. El humo queda suspendido en el aire. Todo está parado. Un sol carente de vida resalta en la fisonomía de Jacob un rostro momificado. Cansancio. Ojeras. El reloj marca las 9. Hora de desayunar.

lunes, 18 de enero de 2010

Sway

Suenan estas palabras a viejo. Parecen, y de hecho son, un dèja vù de otro relato, ahora adaptado para por primera vez participar en un concurso de microrrelatos.

Suenan también a jazz. Suenan a "Sway", de Michael Bublé:

Vuelva usted mañana

Qué sencillo es enumerar las diferencias entre el sexo y el amor. Basta con prestar atención a la mañana post-coital para, en base al despertar, poder sin miedo enjuiciar. Y es que es determinante el despertar para objetivamente demostrar si lo tenido es un polvo o algo más, siempre en función del sexo del tenedor.

Fijándonos en su comportamiento, podremos constatar que la dama enamorada busca captar la primera mirada del día de con quien ha yacido. Aquella que sólo ha sido follada, mientras tanto, se despertará también antes que el varón, pero el vestirse con sigilo y huir despavorida será, más bien, su reacción.

Cuando para él el trabajo sólo sirva para engordar el currículum, no habrá mayor demostración que la ducha al despertar. Tímido, aguardará a que ella se levante para no molestar, si por el contrario la medusa del amor le ha picado.

Esto puede sufrir algún tipo de alteración. Lógico. El dinero lo puede todo, máxime si en tu barrio cuestan lo mismo la ternera y la ternura. Tal es así en el mío, que únicamente caes en la cuenta de encontrarte en la carnicería cuando observas que de las cerdas no son las patas lo primero que se desecha.

Nunca he entrado a un prostíbulo. No a los de aquí, donde soy muy conocido. No obstante, aquí a buen seguro no son lo más caro los jamones, sino los idiomas. A mayor conocimiento, mayor esparcimiento. A mayor esparcimiento, menos dinero.

Siempre en ello he pensado. La española cuando besa, ¿lo hará a cambio de un plus? Te sorprenderán mis intrigas, pero es muy español el dar en la frente un beso antes de arropar.

Cuentan las malas lenguas que, en la vida de uno, uno siempre encuentra una mujer que ese beso te da gratis. Topar con ello forma parte de mi lista de tareas pendientes desde que caí en la cuenta de que salvo mi madre, a mí todas me habían cobrado.

Sin educación además lo hacían. Sin recibo ni dar gracias por la mañana se despedían con aquel costoso beso. El de Judas hubiera preferido yo si por aquel entonces conociera lo peor del después.

En los despojos pienso cuando bebo. Lo hago también en aquellos besos. Recuerdo cuando, acostado, la evitaba molestar. Doy vueltas a la idea de volver a ella. Vueltas a ofrecerle un plus. A apartar las piernas y acabar dando las gracias y, como mi carnicero, decir aquello de “Vuelva usted mañana”.

martes, 22 de diciembre de 2009

Crisis

Cuestión de Crisis... y del maestro Sabina.

Brotes verdes

He encontrado bajo mi cama brotes verdes. Los he arrancado y me he fumado un réquiem. Oda al cigarrillo de después, lo he titulado. He recordado que no conozco varón alguno que en la cama no se crea dandy. Mis amigos yankees los que menos.

Pensarás, chico, en Obama. No es más que apariencia. Como buen americano, a buen seguro perderá el norte cuando su negra zumbona le tiente a hacer la jura de bandera.

Fíjate sino en tu amigo Frankie. De seguir vivo, a buen seguro se mantendría embalsamado en líquido de frenos y alcohol del noventa y seis, tan mafiosamente atractivo como en el primer That’s life.

Lo cierto es que nos norteamericanos no me caen nada bien. Nada de fuera lo consideran naïf. Ni siquiera a Mr. Bean. Imagínate que ocurrirá conmigo, que soy todo peligro y encima tengo familia en Vigo…

Ellos, en cambio, sólo son capaces de ver su ombligo creyéndose el del mundo, aun cuando mantienen a Clint Eastwood como estilete de un cine en cuyos guiones pega Chuck Norris a puñetazos el membrete.

No es tampoco lo mejor su televisión. Reniegan de Espinete, por maricón. Explotan a Dexter, policía asesino de quién a conveniencia sea menester. House descubre enfermedades extrañas y las achaca a Mickey Mouse. Prison Break engancha y no es verdad. ¿O no es acaso el FBI capaz de solucionar tal mistake?

En cualquier caso, no es en España la situación mucho más alentadora. “Zapatero a tus zapatos”, grita la oposición. “No, Marianín, no. Aunque te joda no me voy”, replica el de la ceja. A la mierda que la LOGSE diga que Ramón y Cajal descubrió el fuego. Como en matemáticas, aquí la solución fácil se despeja: Nadie se queja.

En Marruecos sí lo hacen. Las vacas no pacen. El Rey clama vendetta. ¡Perejil es nuestro! Intentan tapar con saharauis recovecos. La justicia nos la hará Haidar, y tras la huelga, a tierra de nadie la han tenido que mandar. ¿Qué otra cosa cabía esperar?

Todo funciona de otro modo en Italia. Allí la gente se toma la catedral por su mano para demostrar que Berlusconi también es humano. Che c’è questa cosa! Da igual la petición de escusi. Ríete tú de belinas y camorras. Tanto dinero en su faz gastado, para acabar por del Duomo una réplica desfigurado.

¡Viva La Esteban! Pronto las campanas serán lo que repliquen. Ella y Mermelada serán los reyes de las uvas en quién Ramón García abdique. A los patriotas no les importa. Ya siempre se ha dicho: Muerto el rey, ¡viva el rey!

En este caso es reina, pero y qué más da, si la noticia es quién la peina. Es triste, pero hoy se informa hasta sobre el color del tanga que viste. Respeto a quién de ello se informa pero, ¡oh la lá! Quién de ello informa merecería la muerte en la Francia de Sarkozy. ¡Qué pregunten de secuestros a somalís!

La crisis persiste. Los brotes verdes no existen. La culpa es del entorno, que la viste de incultura. Con esto de las libertades, sería sólo capaz de soltar exabruptos, máxime cuando estas se tornan restricciones.

Brotes verdes. Me los fumo yo como réquiem. Réquiem de un humo, el del tabaco, que quedará sesgado en 2010. Humo que se ceñirá ya sólo al pitillo de después. Y, para nuestra desgracia, al que nuestros políticos venden también.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Inmigrante

Comienzo a considerar la apatridia una salida. Es más frustrante la desidia de ser en tierra de uno inmigrante y no profeta. Quizá sea uno más cuando lleguen las valkirias.

Desde el frente

Llevo días durmiendo con un puñal bajo la almohada. No temo cortarme las venas. Ansío cortarme las penas. Y es que dice un buen amigo que es éste buen remedio para partirlas en dos. Mejor remedio incluso que encomendarse para ello a Dios.

En blanco y negro, llegan mensajes de retaguardia. Hace tiempo los cañones callan. Helicópteros en tierra. Este mundo es una mierda. Todo olía mejor cuando en vanguardia salpicaban sangre, alcohol y lágrimas.

Apenas últimamente ha opuesto el enemigo resistencia. La existente ha sido sesgada con vehemencia. Comienza a tornarse en aburrido ser veterano en el arte de vivir estando el frente tan lejano del propio sentir.

No hay mayor novedad desde la mediocridad. No creo en Papa Noel, aunque sea un Dios profano. Sintonizo la radio en color. ¡Se acerca un nuevo año! De nada sirven las noticias, en vanguardia actúan en vano.

El frío acompaña a un nuevo mal. Las tropas yacen confiadas. Los malos no van de blanco. Vuelta al siglo XXI. La infancia sólo es pasado. El físico no importa. Importa más el desasosiego. Se combate con tilas. Sin sangre no hay dolor, y ningún golpe es comparable con los recibidos amistándose en el Congo con gorilas.

Comienzo a considerar la apatridia una salida. Es más frustrante la desidia de ser en tierra de uno inmigrante y no profeta. Quizá sea uno más cuando lleguen las valkirias.

Mis compañeros caen. Uno lo hace tras otro. Todo era bonito, hasta el triunfo del turrón. “Todo por la patria”, gritan los lisiados. Piensan los hijos de un Dios menor en sus hermanos. Siento compasión por los ilusos. Permanecen por el consumismo anestesiados.

La Navidad triunfa, con un niño de la mano. Y qué más da para los que han sido curados. Para otros, nunca nada será como antes. Hay heridas incurables. Son años de batallas y sentimientos frustrados. Todo cambia cuando nada ha cambiado. Y qué le voy a hacer si yo no creo en Reyes Magos, ni tampoco en la familia…

viernes, 4 de diciembre de 2009

I'll be waiting

En ocasiones, la felicidad sólo se alcanza con quién se espera. Otros pueden tratar de cubrir un vacío en el tiempo, en el espacio, o incluso entre tus brazos. En ocasiones, lo harán en vano. Y es que da igual la demora, "I'll be waiting"...

Todo por ella

Por más que lo evito, menos me resisto. Triste y melancólico, ha acabado aquí convirtiéndose también en alcohólico. Tiene de quién escribe los malos vicios. Pendenciero, mujeriego y mentiroso. Pero, y qué si miente, si con su mentira soy feliz.

Acostumbra a decir que son su entorno y su pasado lo que le incita a vivir una mentira. Narrativa, lo denomina él, creyéndose de algo autor.

Se rodea de amigos hechos en cartón piedra, y se aisla en este mundo rodeado de servilletas, pensando en ella. En la expiración se inspira, imaginando estar sólo con tanta gente.

Vive y me envuelve en su propio engaño. Finje que soy ella, y se autoconvence de que bajarme una estrella es el mejor modo de llenar esos vacíos labios y expiar un alma tan difícil de curar como difícil es en el mar esquinas encontrar.

Infeliz en ocasiones soy por omisión. No tanto cuando pretendiendo con este clavo otro quitar, dice aquello de “de no ser por mi vértigo, cambiaría una como tú en mi cama por una luna en tu balcón”.

Da igual que diga la verdad o mienta. Con ello a mí me da la vida. Esa vida que luego me quita cuando viene en lunes, no me avisa, y pensando en ella algo recita.
Y es que ayer estuvo aquí. Lo sé por una servilleta. Otra vez pensando en ella escribió unos versos. Mira, esta es su letra…


Una copa y otra. Busco en ti un verso.
Borracha navega mi alma a oscuras.
Recuerdo tus labios, sus comisuras.
Añoro un quizá, un último beso.

Motivos tuviste para adiós decir.
En lugar de ello, yo a ti te dije “Diosa”.
“Hola, mi amor”. En la mano una rosa.
¿Algo mejor que tú puedo pedir?

Mi corazón sin ti no está rimado.
Sexta copa. Brindo por tu amor en prosa.
Mucho nos queda por dar y recibir.

Créeme, cariño, tanto nunca he querido.
Vuelve. Te consentiré hoy, caprichosa.
Vuelve. Cuanto te quiero, hoy quiero exhibir…

viernes, 20 de noviembre de 2009

Sin Perdón

Compré armas a Dios. Vendí la paz al diablo. Les di mi corazón a cambio del milagro...

jueves, 19 de noviembre de 2009

Recuerdos de un olvido

Muchas mujeres por mi vida han transitado. Algunas me han hecho el amor. Otras tan sólo daño. Es por ello que no te guardo rencor. Fue mi culpa el haberme encariñado.

Por favor te lo ruego, vuelve ahora y miénteme sin temor. Ya el daño no me importa. Ven y quiéreme con ardor. Seguro que tu mentira me reconforta.

Dime, cielo, qué es la mentira, sino un trámite de la verdad. Dime qué es la verdad, sino algo tan subjetivo como la propia vida. Y dime, por último, qué es la mía si en ella faltas tú.

Olvidemos lo pasado. Culpemos a los esquimales de todos nuestros males. Compremos armas a Dios. Vendamos la paz al diablo. Hagamos juntos planes. Vivamos juntos mi canción, como ya en solitario yo lo hago.

Lo hago cuando tengo miedo. A quererte y no volver a verte. Miedo a recordar, y nuevamente llorar. A intentar olvidarte en verso, y no ver más que prosa en tu recuerdo. Miedo a tener que acostumbrarme a vivir sin ti. A, como tiempo atrás hice, quizá incluso perderte.

Aprovechando de su muerte el aniversario, también hoy yo quiero ser franco. Falta como tú una en mi vida, y sobra en cada noche más de un tequila. Por ti a todos renunciaría, y si así me lo pidieras, tila en mano esperaría.

Tendría en la otra una pluma. Superaría con ella el vértigo. Dejaría volar mi imaginación. Escribiría mil veces ‘te quiero’. Te guardaría en un cajón, como ya en ese baúl de recuerdos te guardo.

Eres en mi vida un huracán, pues con tus recuerdos inundas mi mente y con mis sentimientos asolas mi alma. A solas te pido desde este rincón, vuelve, Olvido. Vuelve, mi amor…

martes, 10 de noviembre de 2009

Quizás

Años hacía que no oía esta canción. Antaño, cuando lo hacía, he de reconocer que me emocionaba. Lo hacía pensando en un mañana, en un "Quizás". Hoy, el mañana ha llegado, y el "Quizás", no como en la canción, pero se ha dado... y con razón.